Opinión
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Anna María Gemma di Giorgio, la niña que nació ciega, el día de Navidad de 1939  y, en 1947 su abuela la llevó con siete años a presencia del Padre Pío y, éste le tocó los ojos con la mano herida de su mano. Al poco empezó a ver, y así durante toda su vida, ver sin pupilas… 

Aunque esta historia tiene más matices, entre otras la historia de una monja que escribió al padre Pío para que dicha niña se curase, y la mejoría que fue recibiendo, antes de llegar a San Giovanni Rotondo, no cabe duda que la curación fue posterior al encuentro con el Padre Pío de Pietrelcina, y desde entonces, no sé si ha fallecido ya, ha estado viviendo y viendo sin pupilas. Realidad fisiológica y biológica que es imposible entender y comprender, según la ciencia médica. 

Quizás, en estos tiempos, el siglo pasado y éste, de tanto agnosticismo y escepticismo y ateísmo y materialismo y hedonismo y relativismo moral y religioso y espiritual y metafísico, quizás, la Providencia de Dios, realiza estos actos, que parecen sacados del Nuevo Testamento, para intentar tocar las campanas del corazón y de la mente y de la conciencia y consciencia de los seres humanos. 

Uno, puede ser ateo o agnóstico o creyente en cualquier ideología o religión del mundo, pero si “uno se le muestra con testimonios y fotografías y otra documentación”, que existe un burro en Puertollano de la provincia de Ciudad Real que vuela, y que va flotando por el paseo de San Gregorio y es examinado por científicos y empiristas y racionalistas y, no pueden demostrar que esto sea falso, ni tampoco qué explicación tiene. Supongo que ante esta realidad o entidad o dato o noticia o información o documentación, toda persona, mínimamente racional, debe plantearse, el por qué y el porqué de dicha cuestión. 

Salvando las distancias, se respeta la libertad de pensamiento-conciencia-expresión-culto de cada persona, pero ante este hecho de esta niña-mujer sin pupilas, que ha sido capaz de ver, durante su vida, sin pupilas repito, y que existe una relación de “curación-sanación”, entre la petición al Padre Pío de Pietrelcina, como intercesor ante el Buen Dios, y la presencia de esa niña ante su persona, y el roce de la mano de Pío de Pietrelcina, ahora ya santo canonizado, y la posterior curación. Pienso que ante este hecho. Sin narrar los setenta signos prodigiosos, aprobados oficialmente, en Lourdes por citar otros. 

Ante este hecho y estos hechos y otros, pienso que el mayor escéptico y ateo y agnóstico y racionalista y empirista del mundo, sea de una cultura o sea de otra, de una religión o de otra, de una filosofía o de otra, se tiene que seriamente plantear cómo se puede explicar esto, y que quizás, exista Dios, al menos como posibilidad o como hipótesis. Y que, esa persona, escéptica o atea o materialista o hedonista, tiene la obligación ante sí y ante los demás, de dedicar meses y años de su vida, en la medida que pueda, a reflexionar sobre esta cuestión y sobre otros temas metafísicos y religiosos, porque es un deber hacia si mismo y un deber hacia los demás… 

Cada persona, por multitud de causas y motivos y fines e intereses, se puede situar, ante un tema equis, teniendo o tomando una opción u otra. Pero también toda persona, ante cualquier tema o cuestión tiene la obligación de ser lo más racional posible, lo más moral posible, es decir, buscar, de las distintas opciones y posibilidades, la más cierta y verdadera y bondadosa y útil y racional y prudente y… 

Podemos entender que todo ser humano tiene traumas y heridas profundas, que pueden venir de su infancia o adolescencia, que pueden venir heredados de padres a hijos, de abuelos a padres e hijos, es decir, traumas y heridas personales o de la historia de su familia, insertadas en la historia de su sociedad o país o cultura o realidad sociopolítica, durante varias generaciones… Pero también, toda persona, sin negar sus intereses y fines y motivos, es decir, su afectividad y su sentimentalidad, pero también su razón y su voluntad, debe intentar adherirse a realidades conceptuales lo más verdaderas posibles… 

La aprobación de un milagro en el seno del cristianismo o del catolicismo, lleva una serie de medidas y pautas y normativización, muy escrupulosa y muy exacta, pasando por distintos tribunales, estudios teológicos y científicos, testimonios, pruebas, etc. Es un sistema, que se ha ido depurando y evolucionando durante siglos. En el seno del catolicismo cada año, se aprueban varias docenas de milagros-signos prodigiosos, que la ciencia y el saber ortodoxo actual, no puede demostrar con el método científico y con la racionalidad humana. Sino, que tenemos necesariamente, que pensar que es Dios el que ha intervenido… Bueno sería, que usted, además de valorar este milagro, que creo está aprobado oficialmente por el catolicismo, se introduzca en esta cuestión, y durante, varias semanas o meses o años, analice y estudie esta cuestión y temas colaterales… 

Pienso, que usted como persona, tiene el deber y el derecho, ante usted mismo, ante su propia familia, ante sus descendientes ya nacidos o que nacerán, y ante toda la sociedad, en este tema, tomar la postura más racional y más verdadera y más moral. Ya que usted crea que existe Dios o no exista, puede ser muy importante y esencial, no solo para usted, sino para todos los demás. Paz y bien y verdad…

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