Cartas al Director
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Dicen los entendidos en la materia que está demostrado que las pistolas para medir la temperatura que se utilizan en los protocolos de prevención del covid 19 no matan neuronas, pero yo no me fío.

Y como no me fio, prefiero que me tomen la temperatura en la muñeca.  Es por ello que este martes, 8 de septiembre, cuando me disponía a embarcar junto con mi familia en el ‘Avemar Dos’ de Baleària, insté al operario de la citada compañía a que nos midiera la temperatura de esa manera en lugar de lanzarnos los rayos infrarrojos en la frente. Es lo que mi familia y yo solemos hacer en cualquier circunstancia desde que este maldito virus se coló en nuestro día a día.

Pero con lo que no contábamos era con la respuesta desairada del empleado de Baleária. El susodicho se abalanzó contra nuestro coche pistola en mano, tildándonos de ignorantes por sugerirle que nos tomara la temperatura en la muñeca, a lo que se negó tajantemente, indicándonos, en un tono cada vez más beligerante, que o lo hacía en la cabeza o no embarcábamos, que él era el que mandaba allí. Hubo un momento, mientras vociferaba, en el que le pedí que se alejara de nuestro vehículo, ya que casi estaba metiendo la cabeza en la ventanilla, sin guardar obviamente la distancia de seguridad, con lo que espetó que ya no subíamos al barco bajo ningún concepto, que ahora se negaba a tomarnos la temperatura fuera donde fuera.

Me considero una persona educada, pero no puedo tolerar que me falten el respeto como hizo este individuo, con esos ademanes y esa agresividad desmedida e injustificada, por lo que requerí la presencia en el lugar de los agentes de la autoridad presentes en la zona de embarque. El ‘pistolero’ de Baleària se enrocaba en su postura de que no íbamos a embarcar porque nos habíamos negado a dejarnos tomar la temperatura en la frente, pero tuvo que recular cuando tanto un agente de la Policía Portuaria como otro de la Policía Nacional se acercaron al lugar para mediar, le bajaron los humos y nos pidieron que la cosa no fuera a mayores cuando les indiqué que quería denunciar lo que estaba ocurriendo. Por un asunto concreto, no podíamos permitirnos no tomar ese barco, así que accedimos a la solicitud policial y que el ‘pistolero’ descargara sus rayos y toda su ira (disparó con saña) en nuestras cabezas. Y así se quedaría a gusto el hombre. Como el tonto al que le daban la gorra de plato y se sentía general.

Sepan que el ‘pistolero’ anda suelto y se pueden topar con él. En cualquier otro sitio te miden la temperatura en la muñeca, las otras compañías navieras (volvimos en el barco de FRS) lo hacen así, Cruz Roja lo hace así, los encargados de esa función en las playas de Ceuta, también lo hacen así. Pero la pistola de Baleària, según este lumbreras, solo vale para la cabeza. Igual es que es de juguete.

En fin, no deja de ser una anécdota que para algunos de los que la lean no tendrá mayor relevancia, pero para mí y para mi familia sí que la tuvo. Porque los ciudadanos, aunque por desgracia cada día lo parezca más, no somos borregos y se nos tiene que tratar con respeto. Y más una compañía como Balèaria que gestiona la línea de interés público Ceuta-Algeciras en virtud del contrato adjudicado por el Ministerio de Fomento. Retrasos injustificados, cancelaciones sin explicación alguna, condiciones higiénicas que dejan mucho que desear… Y ahora también un ‘pistolero’ en sus filas. Ya está bien de tragar y aguantarnos con todo, hombre.

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