Opinión
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El cambio hacia un mundo mejor es quizás el único consuelo, si es que es posible encontrar alguno, entre todo este desastre. Que al menos sirva para algo tanto dolor y sufrimiento, tantas vidas truncadas y tantos proyectos desbaratados.

Sobre esta cuestión reflexiono mucho estos días, pero a la conclusión que llego es que ese cambio esperado, es sólo un deseo. Una estrategia mental para encontrar alivio y responder a las dos preguntas fundamentales que el ser humano siempre se ha hecho, la de por qué y para qué pasan las cosas. Aceptar que las respuestas sean “porque sí” y “para nada” es, simplemente, desde un punto de vista psicológico, inaceptable.

Sin embargo, tras estas semanas observando, y después de haber publicado un escrito en el que me mostraba esperanzado, cuanto más se acerca la “desescalada”, más empiezo a aceptar la idea de que esas son precisamente las respuestas. No veo a mi alrededor, ni próximo ni lejano, ningún indicador de esos crecimientos personales, de esa mejoría de la sociedad, o de ese mundo en cambio a mejor.

El virus al contrario de lo que nos quieren mostrar a través de las campañas de concienciación ciudadana, lo que realmente ha fortalecido ha sido el individualismos. La propia estrategia necesaria para luchar contra él, se fundamenta en eso. Estamos venciendo a costa de la separación, del aislamiento, del replegarse y ocultarse. Interconectarse más no es humanizarnos, simplemente es cambiar de escenario, pasar de la realidad a lo virtual. Estamos manteniendo comportamientos responsables, sí, pero reconozcamos que principalmente hacia uno mismo, aunque el resultado final sea también favorable para los demás. Muy pocos son los que sienten que protegen con el aislamiento y muchos los que se sienten protegidos.

Las muestras de solidaridad han sido de personas que ya eran solidarias, la valentía se ha visto en quien ya era valiente, el respeto lo ha mostrado quien ya era respetuoso y la sensibilidad la ha puesto quien ya era sensible, antes de todo esto. El resto no ha cambiado, este virus no ha mejorado a nadie. Los egoístas han seguido entrando en los supermercados sin guantes, los egocéntricos han seguido poniendo sus canciones en los balcones sin considerar las otras realidades de sus vecinos, los irresponsables han seguido yéndose a sus segundas viviendas, los insolidarios han seguido poniendo tapas con cervezas tras persianas bajadas, y una inmensa mayoría, ha permanecido oculto sólo por miedo a su propia salud, sin saludar, sin recoger los excrementos de sus perros, sin aguantar las puertas a sus vecinos, sin mirar a los ojos que se asoman por las mascarillas.

La política sigue siendo la arena de un circo romano y las redes sociales las gradas desde donde la muchedumbre grita por más sangre; la lucha contra la contaminación y el cambio climático sigue siendo la gran ausente en todas las decisiones; las razones del uno de mayo sigue sin importar de verdad a pesar del drama laboral que vivimos; y las actuaciones internacionales siguen movidas exclusivamente por cálculos económicos.

Trump quiere meter al Mundo en la guerra de los 100 años contra China diciendo que tiene pruebas, sin mostrarlas, de que en Wuhan liberaron a “la bestia” para atacarnos, contradiciendo a su propia Dirección de Inteligencia, simplemente para tener un enemigo que mostrar en su reelección; los medios de comunicación masivos vuelven a sacar del foco la realidad de los países más pobres, demostrando que en realidad sólo importa lo que le pasa a los más ricos; y las fábricas se preparan para volver a producir y contaminar a toda capacidad, para retornar cuanto antes a la misma realidad que nos ha traído hasta aquí.

Lamentamos no poder hacer la misma vida que antes y echamos de menos los abrazos de los seres queridos. Yo lamento que no se vislumbre un auténtico cambio de paradigma y echo de menos un verdadero abrazo global, que nos garantice tener vida y seres queridos a los que amar.

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