Opinión
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En el año 2010 en plena crisis económica, haciendo estragos por toda Europa las políticas de austeridad, en España calentaba en la banda derecha el delantero centro estrella del PP, Mariano Rajoy Brey. Que nos iba a meter un sinfín de goles a la clase trabajadora española y al sector público, obligando a descender a tercera división al estado de bienestar español.

Julio del 2010, Estadio Soccer City, Johannesburgo, Sudáfrica. España gana por primera vez el mundial de fútbol. Una imagen clavada en la memoria de todos los españoles junto a la patada voladora del neerlandés Nigel de Jong al pecho de Xabi Alonso. No mereciendo a juicio del colegiado británico Howard Webb la expulsión.

Marzo del 2020, el Ministro de Finanzas de Holanda, Wopke Hoekstra, pertenece a la democracia cristiana y se definen como un partido de centro, por sus declaraciones no parecen ni cristianos, ni demócratas, ni de centro. Estamos hablando de cómo enfrentarnos a una pandemia mundial que solo entre España e Italia ya lleva más de 14000 fallecidos, con una cifra superior a los 150000 contagiados, y de que sus consecuencias, cuando pase, no las vuelvan a pagar las clases sociales más débiles. Este buen cristiano, buen demócrata, y buena persona de centro moderado indicó que se debería investigar a España e Italia para determinar por qué no tienen margen presupuestario para luchar contra el coronavirus, a pesar de que la Gran Recesión concluyó hace ocho años. ¡No queremos imaginarnos qué dirá la ultraderecha holandesa tan amiguita de “nuestro” Vox! Recordemos que en las elecciones de abril de 2019 el líder ultraderechista holandés Geert Wilders fue el primero en Europa en felicitar a Santiago Abascal por sus resultados, con un 40% de escrutinio tan solo que anticipaba los 24 diputados en el Congreso de los Diputados.

Lo que sí conocemos es lo que le dijo el primer ministro holandés a una señora en un supermercado tranquilizándola tanto a ella como al resto de la población: “Tenemos papel higiénico para defecar diez años” Pues sinceramente creo que acaban de gastar todas las existencias para intentar limpiar la imagen del Gobierno holandés dadas las declaraciones del responsable de finanzas o de otros ilustres como las del jefe de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden (Países Bajos) Frits Rosendaal. Indicando que los ancianos y ancianas no deberían ser llevados a los hospitales porque saturan las UCIs. Para él la “posición cultural” que tenemos españoles e italianos hacia nuestros mayores es la causa de la saturación de nuestros sistemas sanitarios. Creo que con esta forma de pensar y su verbalización Holanda se ha quedado sin su stock de papel higiénico.

Y ante tantos desmanes y colitis verbal e ideológica emerge la figura del primer ministro portugués, António Luís Santos da Costa que, ante el fracaso de la cumbre europea, con enfrentamientos entre los países del norte y del sur ante la falta de una respuesta más firme contra la crisis provocada por el coronavirus, señaló la actitud “repugnante” del gobierno de los Países Bajos. Sin florituras mostró su enojo ante declaraciones “repulsivas”, “sin sentido” y “totalmente inaceptables” con respecto a las palabras de Wopke Hoekstra. “Esa mezquindad recurrente amenaza el futuro de la UE”, dijo Costa sin pelos en la lengua.

La ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Arancha González Laya, ha comentado refiriéndose al mismo hecho de manera más comedida “No es momento de defraudar a nuestros ciudadanos, la historia nos juzgará por lo que hagamos ahora” ha intentado hacer ver que ante la pandemia todos los países corren “los mismos riesgos”.

Tras todo esto no está más que la vieja pugna entre los países del norte y los del sur, aunque quizás, y a tenor de las declaraciones antes citadas donde se meten de lleno en el universo cultural de cada país, en la idiosincrasia que nos define, deberíamos comenzar a hablar de países de cultura mediterránea y los bárbaros del norte. Pues es, sinceramente, incomprensible que la cultura de respeto y defensa de la experiencia, del respeto a la ancianidad y de justicia hacia quienes han levantado nuestros respectivos países y que ahora nos necesitan más que nunca se identifique como uno de los problemas de la crisis del COVID-19.

Me van a permitir que transite durante un párrafo por la antropología cultural, el único ser de este mundo que es a la vez consciente de la existencia de una externalidad a su propio yo (es decir, existe un mundo exterior del que yo participo), que es capaz de identificar a otros seres humanos como miembros de su propia especie (reflejo condicionado del “yo”) y que entiende el concepto de finitud propia y ajena (binomio existencial) es el hombre. La igualdad en derechos y dignidad comienzan por la identidad. No existe el “yo” existe el “tú” que soy “yo”. Esta dicotomía unitaria la expresó maravillosamente Ludwig van Beethoven, alemán, en su Novena Sinfonía ¿qué algo sonará a la UE? “Ser hermanos en el mismo Padre”. La Humanidad con mayúsculas reflejada en esas notas, sin ningún tipo de diferenciación (que siempre son artificiales y construidas para segregar). Negar la dignidad y la igualdad a cualquier sr humano es cosificarlo, desnudarlo de su humanidad para que pueda ser prescindible. En esta cosificación reside la maldad y el peligro de las declaraciones culturales peyorativas o menospreciativas o incluso comparativas subordinadas. Y ahora ¡díganme qué un anciano o anciana, nuestros padres, madres, abuelos, abuelas o usted mismo que está leyendo este artículo y ya tiene cierta edad no tiene derecho a ser cuidado y atendido como en su juventud hizo con sus mayores y con sus infantes!

Continuará ……..

Ramón Rodríguez Casaubón

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