Cinco consejos para limitar los riesgos en el supermercado
Economía
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Junto con los centros sanitarios, los supermercados suponen actualmente el principal lugar de concentración ciudadana. Cientos de miles de consumidores los visitan diariamente para abastecerse con productos de primera necesidad; y por una simple cuestión de estadística es fácil imaginar que muchos de ellos llevan el coronavirus consigo, aunque sea de forma asintomática.

De ahí la importancia de extremar las precauciones. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), no es especialmente complicado, basta con seguir cinco consejos básicos:

1. Lleve su propio carrito de casa; o si no tiene, unas bolsas grandes donde meter los productos que vaya seleccionando. Los carritos y las cestas del súper, junto con las puertas de los refrigerados y congelados, son en teoría los principales focos de contagio.

2. Póngase unos guantes a estrenar. Si no tiene en casa, diríjase a la sección de frescos y coja allí unos sencillos guantes de plástico transparente; aunque la mayoría de los supermercados ya suelen ofrecerlos en la entrada.

3. Aun con los guantes puestos, procure usar siempre la mano contraria a la habitual. De este modo, la mano habitual (la diestra, salvo que seamos zurdos), que es con la que solemos tocarnos la boca y los ojos, quedará menos expuesta al coronavirus.

4. Mantenga un metro y medio de distancia con el resto de compradores y con los trabajadores del supermercado. También afuera, si tiene que esperar una cola para entrar. Y si va a toser o estornudar recuerde hacerlo en su brazo para evitar contaminar accidentalmente a alguien.

5. Billetes y monedas son otro posible foco de contaminación. Así que pague mejor con tarjeta o, idealmente, con el móvil si dispone de alguna aplicación de pago.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no tiene evidencias de que los alimentos en sí mismos sean una vía de transmisión del coronavirus. Otra cosa diferente sería la contaminación del envase o del exterior de algún producto por contacto. Pero el consumidor debe saber que este posible riesgo se reduce al mínimo con el lavado o cocinado de los alimentos (a 30 ºC los virus mueren). Si aun así no se fía, siempre se puede pelar la fruta antes de comerla o pasar un paño húmedo con una solución de agua y un poco de lejía sobre los envases. 

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