Editorial
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El Defensor del Pueblo ha realizado un llamamiento para que los Ayuntamientos extremen el control por las posibles molestias (ruido y suciedad) que puedan generar las celebraciones navideñas, tanto en la vía pública como en los locales de hostelería.

En este sentido es cierto que toda diversión, especialmente en estas fechas, genera una importante cantidad de suciedad, así como ruido que puede llegar incluso a molestar al resto de los ciudadanos, de ahí la importancia de que las autoridades competentes extremen este control, al igual que se extreman otro tipo de servicios como la seguridad en las calles y en los comercios.

Está claro que hay que tener cierta manga ancha pero no se pueden sobrepasar ciertos límites. La diversión no debe estar reñida con el saber controlar los decibelios ni tampoco con el no amontonar grandes cantidades de basura.

Se puede entender que por ser las fiestas que son y el elevado número de personas que salen a las calles durante estos días para divertirse, el ruido que habitualmente se da en la ciudad se vea incrementado, lo que no se puede consentir son las músicas desorbitadas a altas horas de la noche, o el griterío del gentío que no sabe moderar su tono, o las peleas que se suelen producir por los excesos incontrolados de muchos.

Además, una cosa que no se controla y que también es altamente molesto, más incluso que los ruidos que se pueda generar por las reuniones grupales en ciertos lugares de ocio, son los lanzamientos de petardos. La venta de estos artefactos deberían estar prohibidos e incluso su lanzamiento a ciertas horas, y ser sancionados duramente, ya no sólo a los lanzadores de los petardos, que además suelen ser menores, sino también a los vendedores de estos productos por vendérselos a menores, debiendo existir un mayor control sobre el mismo.

¿Qué sentido tiene el lanzamiento de petardos en Navidad? Si tantas ganas tienen de sentir la explosión de un petardo, que se vayan al monte o a Valencia en el mes de marzo, a ver si en uno de esos encendidos el petardo viene en malas condiciones y les explota en las manos, quitándoles así las ganas de seguir con los petarditos. Lamentable que las autoridades competentes no hagan nada contra estas cuestiones.

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