Cartas al Director
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Hace tiempo que el socialismo español está mucho más cerca de ser un PPsoe, como mi compañera Nabila argumentó elocuentemente en un reciente artículo de opinión, que una formación progresista de izquierda. 

Me remito entre otras muchas cosas a sus votaciones en el Parlamento Europeo, o al tema cloacas en España, habiendo un sinfín más de ejemplos, tristemente. Pero he de admitir que sí me ha producido una cierta perplejidad como el gesto de los simpatizantes y votantes del Psoe, para mí digno del máximo respeto y motivo de orgullo, del "¡Con Rivera no!" se haya convertido tras pasar por las manos de Sánchez, y supongo que de sus "des-asesores", en "¡Con Iglesias no!"

Y mucho me temo que seguirá transmutando en manos de personas nada progresistas hasta llegar a intentar la cuadratura del círculo, de ahí la importancia de lo "redondo", Iván Redondo.  O lo que es lo mismo el intento de devolver el progresismo al Psoe. Situación hoy día impensable si no actúa Podemos como catalizador. 

Pablo Iglesias ha demostrado una vez más, me remito a los últimos debates electorales por ejemplo, tener un sentido del deber hacia los y las ciudadanas españolas que está a años luz de lo demostrado por el resto de líderes políticos de este país. Sin demagogia ni aspavientos ha tomado una decisión difícil para beneficiar a las personas que más lo necesitan. 


El Psoe, Sánchez, tiene una oportunidad única para demostrar que además de poner vetos y decir "¡no, con Pablo no!" es capaz de conformar un gobierno plural y progresista con personas de Podemos.

Redondo ya dijo en una entrevista no muy lejana:  
“Es muy importante este apunte, y voy a decir la provocación. Si yo viera hoy en día como vicepresidente a una persona como Pablo Casado, que es un extremo, pero una persona preparada, con estudios, con cierta humildad, es un buen tío; yo me alegraría” y añadió, “Me sentiría identificado con esa vicepresidencia. Y si viera a Pablo Echenique, exactamente igual. Estaría orgulloso de mi país. Y te estoy diciendo dos extremos. Eso no lo estoy viendo en este momento”.


De aquí que cada cual saque sus propias conclusiones. Estos asesores y estos presidentes del gobierno tenemos y hemos tenido hasta ahora.


Creo que es evidente que una nueva manera de dirigir, de gobernar, de gestionar es imprescindible. Podemos dejará su impronta sin ningún lugar a dudas como está haciendo desde que nació. 

Iglesias ya ha demostrado su enorme categoría personal y política ahora le toca a Sánchez sorprendernos para va bien o por el contrario seguir haciendo de equilibrista en el alambre del liberalismo económico bajo la carpa del gran circo de los mercados.

Aclaración si se me permite:

Cualquiera que siga la política actual europea es conocedor o conocedora de que los gobiernos de coalición lejos de ser la excepción son la norma. Actualmente existen diecinueve en la UE. Dándose además la circunstancia de que los líderes políticos de los partidos minoritarios ocupan altos puestos de responsabilidad dentro del Ejecutivo en catorce de ellos. 

Lo que se sale de la norma y es profundamente anómalo, sin hablar de la falta de ética, es que se ponga como condición para conformar un gobierno justo lo contrario de lo que ocurre en la mayoría de Europa. Que se excluya al máximo exponente del partido que da su apoyo para facilitar el gobierno del país. No es sensato comenzar así una etapa ilusionante y esperanzadora para España, para su gente. Pero infinitamente más insensato sería no hacerlo.


Podemos ya ha realizado los máximos esfuerzos tanto ahora como con la moción de censura. Es hora de menos CIS y de comenzar a trabajar juntas, como gobierno, por garantizar el empleo estable y con derechos, limitando la precariedad y blindando la suficiencia y la revalorización de las pensiones; la transición energética haciendo frente al cambio climático e implementando una nueva política industrial; que los alquileres sean asequibles, suficiencia de ingresos a los ciudadanos en situación de riesgo social y calidad de los servicios públicos; la economía de los cuidados y la igualdad de género, protegiendo a las familias y asegurando la igualdad retributiva y por último, igualmente, garantizar la justicia fiscal imprescindible para que el Estado cuente con instrumentos equiparables a los de otros socios de la Unión, para proteger los derechos sociales recogidos en la Constitución.


No parece que falte trabajo por hacer. Estamos dispuestos y dispuestas a ello.

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