Portada del Libro.
Libros
Typography
0
0
0
s2smodern

“Barrios como el del Príncipe Alfonso en Ceuta se han convertido de la noche a la mañana en el hervidero perfecto donde captadores del Estado Islámico reclutan a jóvenes musulmanes marginados a los que radicalizar para enviar a Siria e Irak a luchar en nombre de una yihad en la que la mayoría de las veces solo encuentran una muerte segura”. Así se inicia el libro “El Príncipe, entre el yihadismo y la marginación” obra de Almanzor Amrani basado en la barriada ceutí del mismo nombre y que acaba de publicar la editorial Ediciones Península.

Dos imágenes acuden de inmediato a la mente cuando se menciona la barriada del Príncipe, en Ceuta. Una tiene que ver con la serie de televisión líder de audiencia del mismo nombre y la otra con las periódicas noticias que llegan a los medios de comunicación, en las que se habla de un territorio casi sin ley, tomado por el narcotráfico y caldo de cultivo del yihadismo.

Pero ¿qué hay realmente detrás de esa visión periodística de calles laberínticas y callejuelas claustrofóbicas en las que las fuerzas de seguridad se lo piensan dos veces antes de entrar? ¿Es de verdad El Príncipe uno de los principales graneros de yihadistas del Estado Islámico en España? ¿Corremos el riesgo de que su modelo se traslade a otras barriadas marginales del resto de ciudades españolas?

Este es un viaje al corazón de uno de los barrios más pobres de España y el único con una población casi totalmente musulmana, con elevadísimas tasas de desempleo y analfabetismo entre sus más de quince mil habitantes. Un trocito de nuestro país que se siente abandonado, en el que la coexistencia entre culturas parece haber fracasado y que, si no lo evitamos, podría propiciar la aparición de auténticos caballos de Troya en nuestro territorio.

«El índice de paro es altísimo, el analfabetismo llega al 90 por ciento y muchas familias subsisten con la renta mínima de inserción de 400 euros. En El Príncipe el tiempo parece haberse detenido. Los vecinos contemplan con cierta indefensión el estancamiento del barrio en esa dinámica de marginación, pobreza y frustración. »

«Dentro de poco, el único vestigio que quedará de la convivencia entre las culturas cristiana y musulmana que durante tanto tiempo compartieron las calles será la vieja Iglesia de San Ildefonso y un solitario párroco guardando una parroquia sin feligreses.»

«Al acabar la noticia, el silencio deja paso a multitud de comentarios. Mi compañero de mesa, al que no conozco en absoluto y que se ha sentado a mi lado al ver una silla libre, no para de negar con la cabeza.

—A estos seguro que los matan para que no hablen —murmura en dariya, un batiburrillo entre el español y el árabe hablado con acento andaluz.

—¿Por qué dices eso? ¿No crees que hayan sido ellos? —le pregunto intentando que mi acento parezca lo más marroquí norteño posible.

—Parecen dos profesionales, no dos chavales de París —me contesta el hombre, que no tendrá más de treinta años.

—Pero dicen que los entrenaron en Yemen —comento, intentando conocer las razones de su incredulidad.

—¿Si tú llevases un pasamontañas en la cabeza dejarías tu documentación en el coche para que supieran quién eres? ¡Esto es un montaje para culpar a los musulmanes de todo, como siempre! »

«Una pintada en la pared amarilla de una fachada me hace detenerme al instante. En ella se lee en castellano: “Lo de Charlie Hebdo es poco, el Estado Islámico está de camino...”.»

«La primera generación de combatientes que viajó a Siria lo hizo poco tiempo después de comenzar la revolución Siria, en 2011 y 2012, y una segunda generación se unió a la yihad a partir de 2013. La primera generación de combatientes viajó a Siria sensibilizada por el sufrimiento del pueblo sirio y las imágenes de las matanzas perpetradas por el ejército de Bashar al Asad. Estos primeros yihadistas querían luchar por una causa que consideraban justa, y una vez en Siria terminaron cayendo en las redes de grupos radicales; muchos de ellos perecieron en ataques suicidas.»

«La segunda generación la forman jóvenes musulmanes con problemas para integrarse en la sociedad y a la que probablemente culpan de su situación marginal. Estos jóvenes son fácilmente influenciables y encuentran atractivos los grupos yihadistas como Estado Islámico por las grabaciones propagandísticas que encuentran con facilidad en internet o que se distribuyen entre ellos, en las que pueden ver sus acciones militares, su derroche de violencia gratuita y las imágenes de la vida acomodada que transmiten conduciendo coches de lujo, viviendo en mansiones ocupadas y acumulando botines de guerra.»

La convivencia en Ceuta se sostiene en parte en ese statu quo; hay una parte de la sociedad, la cristiana, que ocupa los niveles medios altos de la sociedad, y todos los trabajos peor retribuidos, más inestables, normalmente los llevan a cabo los musulmanes. Cuando el 65 por ciento de los musulmanes está por debajo de los umbrales de la pobreza y de exclusión social, y eso solo afecta al 15 por ciento de los no musulmanes, estamos ante una situación explosiva.»

«Es decir, que desde el punto de vista de los cristianos lo que sucede en El Príncipe sucede en El Príncipe, ya sabemos lo que hay allí, que entre ellos se coman y se maten. Muchísimos cristianos de Ceuta jamás han subido allí; aquello se ha convertido en un barrio aislado del resto de Ceuta. Y no siempre fue así: en el año 1986, el 50 por ciento del barrio era cristiano, en los setenta muchos más. »

«Yo siempre digo que en Ceuta no harán falta partidos musulmanes porque partidos generalistas como PP y PSOE acabarán haciendo sus políticas. La población cristiana observa esto con bastante miedo, o por lo menos con recelo.»

«Ese es uno de los grandes conflictos que puede haber aquí en la ciudad. La población cristiana no comprende a la población musulmana.»

«Se nota que la población musulmana de Ceuta se ha vuelto más rigorista porque el uso del hiyab entre la mujer se ha extendido. Como muestra, puedes ir a la facultad y ver las fotos de graduación de los años ochenta, y las comparas con las de ahora; es muy evidente el cambio; antes igual encontrabas una con el pañuelo, ahora la mitad va con hiyab.»

«Pongo por ejemplo los colegios: sin que nadie diga nada, hay niños que son víctimas de acoso porque el grupo sabe o capta que esa persona es débil o vulnerable. En El Príncipe exactamente igual; son gente muy cercana, no son redes que vienen a captar de lejos, son gente de allí que conoce el barrio, conoce lo que sucede, conoce a la familia, los problemas de cada uno, y acude a personas que parecen vulnerables y que pueden ser fácilmente captables.

Muchos de los chicos que son captados tienen carencia de valores, no tienen una formación sólida, por eso son más fáciles de manipular y convencer. De repente encuentran en el grupo, a través de la religión, un sentido a sus vidas que antes no tenían, porque la situación, su realidad, no se lo había proporcionado, o ellos no han sabido encontrarlo.»

«La realidad es que aquí hay un problema, que dentro del barrio hay una concentración muy elevada de personas que han sido captadas; antes ya lo habían sido para las guerras de Afganistán, esto no es nuevo, lo que pasa es que antes iban dos, tres o cuatro, y ahora van muchos más. Y están captando también a chicas, ahora se ha abierto muchísimo más el perfil. Esto es una realidad.»

0
0
0
s2smodern
Joomla SEF URLs by Artio