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La atracción de la yihad para muchos jóvenes desde que se radicalizan, con frecuencia en internet, hasta que retornan a sus países preocupa a los expertos de 30 países y organizaciones que debaten en Marrakech cómo hacer frente al fenómeno de los "terroristas extranjeros", según ha informado hoy la agencia de noticias EFE y recoge La Verdad de Ceuta.

Actualmente, mil personas de todo el mundo se unen cada mes a la yihad, aseguró el diplomático marroquí Nacer Bourida al abrir esta reunión del Foro Mundial Antiterrorista, que Marruecos copreside junto con Holanda.

Según cálculos estadounidenses expuestos hoy en el foro, hay más de 16.000 extranjeros de 80 países haciendo la yihad en Siria. De ellos, 3.000 proceden de países de la UE, precisó el representante europeo.

Los expertos discuten entre hoy y mañana los cambios legislativos, las medidas policiales y el trabajo a nivel local y comunitario que cada país debe emprender, internamente y en coordinación con los demás, para contrarrestar el yihadismo.

Una de las medidas más sencillas y que países como Francia o Australia ya han comenzado a aplicar es la confiscación de pasaportes o la prohibición de salida del territorio para ciertas personas que dan señales evidentes de radicalización.

El problema, como expuso el representante francés en la conferencia, es "la rapidez en el proceso de radicalización" y la "diversidad de perfiles" (por ejemplo, un 22 % de los casos franceses son conversos al islam), aspectos que dificultan el seguimiento de los nuevos yihadistas.

Varios intervinientes subrayaron que es importante evitar la islamofobia a la hora de trabajar contra el radicalismo religioso, pues, como dijo el representante australiano, "caer en el conflicto identitario significa minar los fundamentos de cohesión de nuestras sociedades".

El representante marroquí se preguntó además si son únicamente religiosas las motivaciones que llevan a un joven a sumarse a la yihad, en alusión a la búsqueda de aventuras o de una identidad que pueden llevar a algunos a sumarse a una guerra en un país ajeno.

La creciente importancia de la radicalización o el reclutamiento a través de internet llevó a varios participantes a demandar una mayor colaboración entre los servicios policiales y los responsables de redes de internet para ver el modo de que un contenido considerado como violento o favorable al terrorismo pueda ser eliminado lo antes posible.

Al respecto, el coordinador antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove, puso como ejemplo el modelo británico, donde Scotland Yard mantiene una relación fluida con Google que le permite advertir de contenidos terroristas en una cuenta de facebook o de youtube, consiguiendo su eliminación en más del 90 % de los casos.

Junto a este trabajo represivo, todos estuvieron de acuerdo en que será necesaria una labor preventiva, sin que los intervinientes hayan avanzado ideas concretas, más allá de la necesidad de asociar a "líderes locales y comunitarios" de la diáspora musulmana en Europa o América para contrarrestar el discurso del radicalismo.

La representante estadounidense propuso ser más proactivos en la generación de contenidos en internet que contradigan el discurso del odio y dijo que su Gobierno invierte en redes y páginas en varios idiomas (inglés, árabe, urdu y somalí) con este propósito.

Si los jóvenes yihadistas consiguen burlar la vigilancia y llegar hasta el foco de la yihad (Siria en la mayoría de casos), su retorno por unas u otras razones inquieta del mismo modo a los países, que temen que esos jóvenes radicalizados trasladen a ellos la violencia.

En la memoria de todos está el caso de Mohamed Merah, un francés con pasado yihadista en Afganistán y Pakistán que, en 2012, mató en su país a tres militares y a tres alumnos y un maestro de una escuela judía.

Los participantes coincidieron en la necesidad de detectar a los llamados "retornados de la yihad" y algunos explicaron cómo sus países ya han adaptado su legislación para penalizar la comisión de atentados terroristas en el extranjero.

Sin embargo, De Kerchove subrayó que la cárcel no puede ser la única alternativa ofrecida a los "retornados", pues en ella no harán sino radicalizarse más, y propuso profundizar en programas educativos de "desenganche", que obligarían a los países a abandonar las persecuciones judiciales.

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