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Opinión
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A Diestras

El escándalo surgido a raíz de las contrataciones de diferentes servicios para la "Feria de día", ha intentado cerrarse en falso con la dimisión - a la fuerza ahorcan - de Jaramillo por lo que el propio gobierno local ha definido como "mala praxis". La cuestión es, que habría que preguntarse quién es el verdadero responsable de la adjudicación de los contratos, quién introdujo a Jaramillo en el seno del gobierno, y si la mala praxis se inicia y acaba en esos contratos.

Es evidente que la responsabilidad política es del presidente de la ciudad, Juan Vivas. Jaramillo fue y es una apuesta personal de Juan Vivas, fue él, Juan VIvas, el que decidió que Jaramillo fuese viceconsejero, fue él quien nombró y avaló la militancia de Jaramillo en el PP; y todo esto lo hizo pese a que el sentido común y la prudencia que debiera acompañar a todo gobernante le indicaron lo contrario. Las apuestas personales las paga el apostador, no todo un partido o la ciudad entera.

Pero no hay dos sin tres. El Consejero, Premi -también apuesta personal del presidente - cuando menos, debería haber estado vigilante a lo que estaba sucediendo. Premi ha demostrado que es incapaz de controlar lo que pasa en la consejería que tiene encomendada, y que no puede velar por los intereses de los ciudadanos.La consejería se le escapa de las manos, le viene grande. Sin olvidar que quizá su responsabilidad vaya más allá de una incapacidad o negligencia política, que él puede estar en el meollo de la mala praxis como responsable político directo de lo acontecido.

El escándalo no es nuevo en este gobierno que descansa en manos que practican la mala praxis según ellos mismos refieren sin ruborizarse. Los acontecimientos no avalan precisamente a Jaramillo: desde la famosa "mejilloná" en la que incluso se atrevió a criticar a los ciudadanos que la pagaron de su bolsillo, a las carrozas de 90.000 euros, su pasado como viceconsejero con el GIL... y ahora esto. Jaramillo no es un político que se distinga por su buen hacer, más bien al contrario; este personaje público siempre ha estado acompañado por la polémica y siempre ha dado la imagen de oportunista político.

No se trata de que haya algo oculto tras estos escándalos, esos es algo que debería dirimirse en los juzgados, y no en opinión pública. Se trata de que la imagen que está dando el gobierno local es decadente, siempre bajo la sospecha, y además lo está haciendo salpicando a un PP que ni está, ni se le espera.

Lo peor de todo esto es que nadie sabe si se están estudiando todos los contratos que firmó el ex-viceconsejero; si se ha considerado poner en manos del tribunal de cuentas o la fiscalía en el caso de encontrar figuras anómalas con el erario público. Es decir, todo un paripé que pretenden solventar con la cabeza del eslabón más débil, que en este caso ha sido el arribista político Jaramillo.

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