pluma19
Opinión
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El segundo escrito de un ciudadano indignado. Al parecer en el primer escrito o colaboración "política" reflejé, según los comentarios de los que me leyeron, representativos cabreos colectivos dentro o fuera de las redes sociales, quejas de cafés o bares y reivindicaciones de pancartas de bastantes mareas y colores, incluso las de algunos seguidores desengañados del bipartidismo.

Pero, ¿qué legitimidad tiene un ciudadano desconocido para señalar que  "el emperador va desnudo" o que la corrupción política, como las meigas, haberla, hayla? ¿Puede un ciudadano -que no come de la política-  plantearse cuestiones reservadas, hasta no hace tanto, a "sacerdotes políticos" adoradores del becerro de oro de la política, forjado  por medio de los impuestos o el dinero de todos?

Hay que bajar a la diosa Política del pedestal al que la han elevado "castas del Poder" y socializar o democratizar la política. La "res pública" o, en castellano, política moderna es cosa de todos, nos guste o no. La política es algo demasiado importante para dejarla solo en manos de los llamados "políticos". La verdad es que, visto lo visto, sufrido lo sufrido, han puesto, en general, el listón muy bajo los que ejercen la política. Por ello tendríamos que bajar también del pedestal del panteón parlamentario a los políticos. Tendrían que ganarse la autoridad y verdadera legitimidad entre los distanciados ciudadanos más allá de los votos depositados una mañana dominical.  Tendrían que dar ejemplo, si no es pedirles demasiado. Actualmente no hace falta ser un lumbreras, un experto o un líder para ser político. Para  ser político o vivir de la política se requeriría -dentro de una sociedad democrática moderna que aspira a algo mejor a lo ofrecido tradicionalmente por nuestros representantes políticos- bastante formación, habilidades sociales, capacidad de reacción,  contacto con los problemas reales, sentido común, ética y vocación de servicio público, mucha vocación. Un político -no tendría que recordarlo- es un servidor público temporal, no aquél  que se sirve de lo público hasta las próximas elecciones o hasta el próximo nombramiento. Nuestros políticos tendrían que incorporar en sus diccionarios las palabras dimisión, humildad, responsabilidad, autocrítica y escucha atenta, entre otras, pues parece que son sustantivos de otras lenguas y países.

Hay quien dice que tenemos los políticos que nos merecemos. Son políticos de una sociedad todavía de pseudosúbditos -que no saben o recuerdan que son ciudadanos- o  de ciudadanos pasivos, al menos para determinadas cuestiones vitales  como la política o el medio ambiente; sin embargo, si el equipo del deporte rey, baja de categoría, la que se arma o moviliza. Que conste que no tengo nada contra el fútbol como deporte. Pero otra cosa distinta es el fútbol como opio del pueblo o negocio con "privilegios" fiscales, donde algunos millonarios, entre contratos de imagen de muchas cifras obscenas ante tantos recortes, sacrificios, desahucios y necesidad general, dan pataditas a un esférico para delicia de propios y extraños. Mientras otros -no todos- con el cheque en blanco cuatrienal de los votantes, hacen y deshacen a su antojo cuando las mayorías lo permiten, vendiéndonos que lo hacen por el interés general, pareciendo más bien que es por el beneficio particular o el de su enriquecedor partido.

La desafección de la política por parte de los ciudadanos, ¿es casual o es algo maquiavélicamente calculado? El aumento de la abstención, de los votos en blanco y nulos, de los movimientos cívicos callejeros ¿realmente importa a los que se han servido tradicionalmente de la política?  A lo mejor o a lo peor, por poco representativos que sean los partidos gobernantes, prefieren que los dejemos en paz, que vayan a lo suyo sin oposición y sin participación ciudadana. ¡Menudo incordio que no te dejen tranquilo para... incumplir programas electorales prometidos! Actualmente hablamos de democracias representativas, pero todos sabemos que son verdaderamente poco representativas -no solo para el movimiento 15M y los que tratan de acaudillarlo- y poco, muy poco participativas. Y esos son, desde mi punto de vista, los dos verdaderos problemas de la política en general: la desproporcionada y, valga la redundancia,  poco representativa representatividad -desvirtuada para más inri por nuestra obsoleta ley electoral que impide que todos los votos valgan lo mismo- y la escasa participación de una sociedad que empieza a despertar.

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